Ayer nos juntamos algunas de las primas que vivimos en Madrid para comer. Cada una se encargaba de llevar algo, que si no las anfitrionas no iban a dar a basto, y la verdad, que fue una de esas ocasiones de las que vuelves a casa contento y entendiendo perfectamente a Al Pacino en el Padrino cuando decía aquello de "Toda mi vida he luchado por proteger a mi familia".
Y es que, por muy tópico que parezca, no hay nada como la familia.
A mi, personalmente, mis primas me parecen lo máximo. Todas diferentes, pero todas con el sello de la familia grabado a fuego, el sentido del humor.
Mi Titiña, coherente y graciosa, Tutus la glamourosa, María sensible y cariñosa, Clarita estilo y dulzura, Chio la ironía tronchante, Cristi la bondadosa, Anita su debilidad y Marta la que no falla.
Aquí tan sólo nombro a las 8 que me alegraron ayer el día, pero aprovecho para decirles a todas mis primas, que son insuperables.
